Fotos: Alfonso Moriche

Si su universo cupiese en un bar de copas, sería el mejor antro del mundo: Phantom y Tintín en un rincón de la barra, levantándose cócteles, mientras un tal Odiseo pasea altivo entre las mesas bajas. Le encanta que le miren, siempre con ese aire de haber bajado al infierno y estar aquí para contarlo… Lobos con trajes caros, Howard Hawks y Agustín de Foxá sin quitarle ojo a un par de mujeres con tacones de quince centímetros que atraviesan yelmos y corazas con la punta. Asesinos inofensivos, rockers, caballeros de la tabla redonda fuera de servicio de un lado a otro. Cervantes y Shakespeare saliendo del baño, donde la noche se viste de blanco. Roberto Alcázar en la entrada, cuidando de que no pase cualquiera -que esta es casa seria-. Una Jolly Roger sonriendo a los que van llegando y todo el tiempo del mundo.

Luis Alberto de Cuenca navega con destreza entre el polvo de la biblioteca, el cuarto atiborrado de juguetes por el suelo y las calles llenas de monstruos. Recibe en su despacho del CSIC y al estrecharle la mano uno no olvida que son las mismas que un día escribieron: “Viajar a Marte o al cuarto de la plancha. Pero contigo”.

Cuando pensamos en crear una publicación llamada Samarkanda, teníamos en la cabeza revistas como El Canto De La Tripulación, de Alberto García Álix. Creaciones alejadas de lo lucrativo, con un espíritu libertario, bohemio…

Una revista de culto, totalmente. Tengo casi toda la colección… el único vivo de toda la redacción es Alberto García-Álix. Y luego con una maquetación muy moderna. La gran revista de La Movida fue El Canto De La Tripulación. Después, La Luna De Madrid, que también era muy interesante desde el punto de vista del contenido, era menos hermosa en su continente.

El Canto es hermosísima en su confección artística.

Ahora que nombras a La Luna de Madrid: Fue el año 83, en el Palace de Madrid, durante la fiesta de presentación de la revista, una fecha importante en tu trayectoria y donde se juntaron algunos de los nombres claves de esa Movida.

La Movida fueron unos pocos años en realidad -del 79 al 84, podríamos decir-. Pero la verdad es que estaba efervescente el ambiente en Madrid.

¿Es ahí donde conoces a Loquillo?

Lo conozco ahí, pero solo de presentarnos: “Hola, hola…” y no llegar a amistad. Él siguió leyendo mis poemas, yo seguí escuchando sus canciones. Después, él me viene a ver en el año 2001 a mi despacho y me dice que quiere hacer un disco conmigo. Además no avisó. Se presentó por allí y de repente, me dice mi secretaria: “Está Loquillo”. Fue muy bonito.

En aquel entonces trabajabas como Secretario de Estado de Cultura y, en un primer momento, te niegas a hacer el disco.

Y él lo entendió perfectamente. Había que esperar a que terminase esa etapa política para legitimar una colaboración con alguien. Si eres el Secretario de Estado tienes que estar colaborando con todos o con nadie.

Su Nombre Era El De Todas Las Mujeres es un disco con un aura especial. El sonido tiene ese toque ochentero que recuerda a una cierta época donde se ambientan algunos de los poemas escogidos.

Me parece un disco precioso desde el punto de vista musical. Ya no hablo de los poemas.

Y hasta tal punto, que ha tenido unos buenos índices de venta, para ser España y para ser un disco basado en la obra de un poeta. Ha vendido más de 25.000 copias y todavía sigue sin descatalogarse. Ahora ya en CD y no en formato libro-disco. Pérez-Reverte se encargó de incluir unas notas en ambos formatos.

Loquillo ya contaba con experiencia en musicar la obra de poetas.

Sí, ya había grabado varios discos con poemas de Jaime Gil de Biedma, Neruda, Lorca… empezó con uno mío que era Cuando Pienso En Los Viejos Amigos. Y ahora está preparando un disco entero con los poemas de Julio Martínez Mesanza.

En alguna presentación conjunta del disco, Loquillo y tú comentábais que la selección inicial de poemas para musicar fue mucho mayor.

Se musicaron cerca de 35-40 poemas, por parte de Gabriel Sopeña.

¿No hay posibilidad de que salga una versión extendida de Su Nombre Era El De Todas Las Mujeres?

Loquillo no lo desecha en absoluto. Lo que ocurre es que alterna con sus discos de puro rock… De hecho, en la Sociedad General de Autores están dados de alta todos esos poemas musicados. En Todas Las Canciones, un libro que salió en Visor, vienen todas; las que cantó Loquillo y las que no.

¿Tienes alguna favorita?

Me gusta mucho El Encuentro. Sobre todo la musicación. Ese final… “tan esperpéntico y absurdo que me recordaba a la vida”. Pero me gustan todas y he disfrutado muchísimo con el disco de Loquillo. Y le hecho alguna letra también para un disco que se llama Balmoral. Y ahora hay también otra cosa que hemos hecho: Un retrato que escribí sobre Loquillo que saldrá también en un disco próximo. Somos muy amigos… está abierta siempre la colaboración porque nos queremos como hermanos.

Llegaste a definirlo como un doppelgänger tuyo.

Hay mucha afinidad espiritual. Muchísima. Nos gustan las mismas cosas: Los cómics, la literatura heroica, Juan Eduardo Cirlot… tenemos muchas concomitancias… el mundo samurai, el mundo caballeresco, Raimundo Lulio, Mesanza, que es uno de mis poetas favoritos y al que va a dedicar un disco. Lo animé mucho.

Has aludido a Balmoral durante la entrevista. Y otra gente de la literatura o el cine lo han citado en alguna ocasión. ¿Tan emblemático fue?

Para nosotros lo fue. No era un lugar emblemático de encuentro tipo Café Gijón, donde toda la literatura se reunía ahí. No. Era para unos elegidos que conocíamos Balmoral. Lo puso ya de moda en los años 50 -abrió en 1956- un gran poeta que fue Agustín de Foxá y que lo frecuentó en los últimos años de su vida. Y después Loquillo y todos los de la Harley-Davidson iban a Balmora. Alberto García-Álix iba mucho por allí… y mi grupo de amigos también frecuentábamos Balmoral.

Loquillo declaró en alguna ocasión: “Luis Alberto y yo nos tomamos la última copa y cerramos Balmoral”.

Es verdad. Cuando ya estaba cerrado. Balmoral cerró, suponte -porque no recuerdo la fecha- un 15 de marzo. Pues un 22, abrió y nos metimos allí a las nueve de la mañana Susana (mujer del Loco), Loquillo, Alicia y yo. Estuvimos allí hasta las 3 de la mañana, confraternizando con Manolo, que era el barman y aparece también en la letra de la canción que escribí: “Manolo, lo de siempre”. Muy amigo del Loco y mío. ¿Qué habrá sido de él? Hace por lo menos dos años que no sabemos nada de él. Luego estaba Agustín, otro de los barman, que murió muy joven. Y Ángel Jiménez, felizmente vivo, el barman original; el auténtico, que estuvo en el Palace en los años 40 y que sigo escribiéndome con él. Fabrica una mermelada fantástica de naranja, que me manda todos los años en bote.

En Samarkanda nos declaramos admiradores de revistas como El Canto, Madriz, La Luna… cabeceras de gran formato con un material gráfico increíble. Inevitablemente, al evocar esas revistas, pensamos en Ceesepe, recientemente fallecido. ¿Te gusta su obra?

Ceesepe es fantástico. Era un tipo curiosísimo y además encantador. Muy tímido, pero con un sentido del humor muy desarrollado. No te diré que lo traté mucho, pero sí bastante. Y la verdad es que he sentido mucho su muerte. Además, unía mucho todos los mundos Pop del momento. Sobre todo era un gran dibujante y un gran autor de cómics.

De esa época, ¿cuál es tu artista favorito?

Alguien que empezó jovencísimo y que sigue estando en activo, siendo para mí el genio de esa generación: Miguel Ángel Martín. Autor de Brian de Brain y de otras historias de tipo sexual, que incluso llegaron a estar prohibidas en España, teniendo un éxito bárbaro en Italia.

Todos estuvieron curtiéndose en revistas donde se respiraba un aire más incestuoso en lo artístico. Había escritores, poetas, pintores, cómics underground…

Era la época de las revistas de cómics. Luego desaparecieron como por ensalmo. Sólo queda El Jueves, después de la desaparición de El Víbora.

De los tiempos de El Víbora recuerdo a una dibujante excepcional, Laura Vernetti, con la que después he tenido la suerte de colaborar.

Leyendo alguna de las últimas entrevistas de Ceesepe parecían cansados de ser recordados únicamente como autores de La Movida. ¿Una losa demasiado pesada?

Lo entiendo perfectamente. Yo tampoco estuve dentro del meollo de La Movida, ni mucho menos. Simplemente, fui un espectador privilegiado. Comprendo que si estabas en el núcleo total, como estaban Alaska, Ceseepe, Carlitos Berlanga…o tantos otros, acaba uno hasta los huevos de que lo encasillen. Al propio Alberto (García-Álix) imagino que tampoco le gustará mucho eso.

Hubo una exposición muy bonita en la biblioteca de Joaquín Leguina con un catálogo importante, donde ya se agotó todo el tema de La Movida. Con ese catálogo tienes todo lo que quieres. Y luego un libro también, Sólo se vive una vez: esplendor y ruina de La Movida madrileña, de Luis Gallero y la editorial Árdora.

Ahora parece que hay un intento desmitificar La Movida, por parte de sus supervivientes. ¿Te sumas a ese discurso?

Hombre, fue un momento bonito. No se trata de glorificar o santificar nada, pero yo lo recuerdo con cariño. Lo único que no recuerdo con cariño es que mucha gente se quedó por el camino, por el trato demasiado familiar con las drogas, sin el debido respeto que deben imponer. Ahí se quedaron, salvo Alberto, todos los de El Canto de La Tripulación, y tantos otros.

En tu poema La otra noche, después de La Movida, más que un mero espectador te consideras parte activa de todo aquello: “un helenista podrido de saberes pretéritos (…) se asomara a la calle, rebosante de monstruos, y viese lo que hacían esos monstruos ahí fuera”.

Bueno, pero eso no significa ser protagonista, sino espectador asiduo. Yo creo que, en ningún momento en el poema, se da la sensación de que fuese protagonista de La Movida, solo un asistente. Paso la línea, pero sin adquirir protagonismo. Voy a los locales… pero de visitante siempre.

En esa época conectas con algunas de las bandas más transgresoras. Pienso en La Orquesta Mondragón, por ejemplo.

Lo de La Orquesta fue -y lo cuento también en ese poema- porque Fernando González de Canales, un viejo y querido amigo mío, hizo la mili con Gurruchaga en Donosti. Después de haber pedido mil prórrogas mi amigo (Gurruchaga debe tener diez años menos que nosotros) coincidieron y se hicieron muy amigos en la mili. Al acabar, Gurruchaga vino a instalarse a Madrid y empezamos a colaborar juntos en letras.

Fue muy divertido, lo pasábamos muy bien. Gurruchaga tenía unas salidas muy graciosas, un tipo muy curioso e irrepetible. Yo le pegué una afición, que sigue teniendo, a los libros ilustrados y libros antiguos. Tiene una biblioteca excepcional. Y siempre confiesa: “Esto fue Luis Alberto quien me lo inoculó”.

Yo salí enriquecido con la experiencia de ser amigo de Gurruchaga. Ahora lo veo, pero menos. Y él adquirió esa costumbre bonita de coleccionar libros, gracias a mí.

Además salieron canciones emblemáticas, como Caperucita Feroz.

Eso ya lo habrás leído en alguna otra entrevista. Tenían abierto en mi despacho de mi casa, en Don Ramón de la Cruz, una edición de Perrault, el de los cuentos, con una ilustración de Gustave Doré, el famoso ilustrador del S. XIX, donde estaba en la cama el lobo disfrazado de abuelita, con su gorro de dormir y su camisón; y al lado, caperucita tumbada a su lado.

Yo llevaba en la cabeza la melodía que me habían dado en una cassette, que decía (tararea): “Papapa papapa…”. E inmediatamente dije: “Ya lo tengo: Hola mi amor, yo soy tu lobo”. Cuando se lo dije a la mañana siguiente, que habíamos quedado para desayunar Fernando, Javier y yo, quedaron encantados. Ahí surgió Caperucita Feroz.

Tienes un poema en tu último libro, Bloc de Otoño, que también se titula Caperucita Feroz.

Es un tema muy mío, los cuentos populares e infantiles. Me interesa muchísimo el folclore, la transmisión oral de esos cuentos, las compilaciones decimonónicas, como las de los Hermanos Grimm… es una de las cosas que más me interesa, junto con los cantares de gesta, la épica y los libros de caballería.

Fotos: Alfonso Moriche

¿Quiénes son sus cuentistas clásicos favoritos?

Los hermanos Grimm.

¿Le gusta Andersen?

Me gusta mucho, pero menos que los Grimm. Andersen es un folks narrador. Un tipo que se inventa cuentos que luego pueden tener una relación con los cuentos populares. Pero no es un folclorista. Es un escritor. No se va al viejo del lugar y le pide que le cuente un cuento para transcribirlo. Los Grimm sí iban al viejo o la vieja del lugar y luego lo transcribían a un alemán maravilloso, preciso y precioso.

Para mi mujer, su autor favorito es Hans Christian Andersen, porque de niña lo leyó en una edición de Aguilar de dos volúmenes de obras completas y se enamoró de él. Pero a mi me gustan más los Grimm o Perrault que Andersen.

Quizás Andersen tiene un componente más lírico.

Más lírico, más lacrimoso. En el mundo folclórico, por mucho que describa una situación terrible como que una bruja se está comiendo a un niño, no hay lagrimeo, ni dolor ni sentimentalismo. Sin embargo, en Andersen el componente sentimental es fundamental. Pero vamos, también he celebrado a Andersen en poemas como La Sirenita y es un autor que he leído con aprovechamiento.

Has destacado un detalle interesante: La crudeza, a veces incluso descarnada, que impregnan esos cuentos.

Es una crudeza descarnada que está incorporada al acervo popular-oral y no hiere, no acojona… se digiere muy bien. Caperucita Roja de Perrault no acaba con la abuelita y la nieta sacadas de la tripa del lobo por el cazador. Acaba porque se las come. En cambio, los Grimm ya manejan una versión diferente donde aparece el cazador.

Es un poco como la diferencia que hay entre un Don Juan según Tirso de Molina o quién fuera que escribiese El Burlador de Sevilla -cuya autoría está ahora puesta en duda- y un Tenorio de Zorrila del Romanticismo. Mientras que el Barroco Don Juan se condena en el Romanticismo se salva. Lo mismo que en El Fausto de Goethe se salva por la intercesión de Margarita y sin embargo, en El Fausto de Marlowe, finales del S. XVI, se condena. Hay una visión más positiva del eterno femenino en el Romanticismo. Es lo que salva; siempre una mujer intercesora. Un sentido muy religioso en el sentido católico. María, mediadora de todas las gracias, ¿no?

¿Cuál es tu Don Juan favorito?

A mí me encanta Don Juan Tenorio de Zorrilla. Es una obra que me fascina. Hay gente que dice “pero si es muy mala…” La escribió en unos cuantos días, prácticamente a destajo, sin dormir. Y me parece prodigiosa.

Es muy criticada. Sobre todo por los intelectuales, esa abominable raza.

Eres más de libros que de música. Pero, ¿por dónde van tus gustos?

La verdad es que se muy poca cosa de música. Me gustan mucho los compositores medievales. Por ejemplo, las canciones provenzales me gustan mucho; la música barroca, pero la que empieza ya en el S. XVII: Palestrina, Schütz, Lully

Muy nombrado en Cowboys de Medianoche

Y siempre me putea…yo creo que ya es un tema. Un resorte (risas).

Después, por supuesto, me gustan los barrocos plenos. Si tuviese que elegir un compositor elegiría a Bach. Después Corelli, Vivaldi, Telemann… todos esos.

Entonces de músicas del S.XX no consumes nada, ¿no?

Consumo muy poquito, la verdad. De música Pop entiendo poco, la verdad. No es una cosa que me interesa. Pero desde luego, entre los rockers y los cantautores me quedo con los rockers, sin la menor duda.

¿Algún favorito en España?

El Loco, sin la menor duda. Me parece un monstruo. Además, es de los pocos autores que he seguido del género rock, desde la época de La Movida.

Hablemos un poco de poesía. Recibes el premio Nacional de la Crítica por La Caja de Plata, publicado en 1986.

La verdad es que eso me anima mucho. Yo estaba confinado a los límites de la filología, por mis compañeros de generación, que les venía muy bien quitarse a uno de en medio (ironiza). Pero fue un espaldarazo importante para mí. Yo diría que el Premio de La Crítica ha hecho que yo siguiera escribiendo poesía.

Además, es en ese libro donde empiezas a dar un nuevo enfoque a tu poesía, alejándote cada vez más del tono culturalista de tu primer poemario.

Absolutamente. Hay un total salto hacia adelante. Hay una apertura de ventanas; una convocatoria de la brisa que sopla en la calle frente al polvo de la biblioteca. Sin que por ello haya que renunciar a los libros. Pero la vida se abre paso en La Caja de Plata, escrita desde el 79 hasta el 83. Digamos que yo fui un niño viejo a los dieciocho, cuando era un teenager, y luego empecé a ser joven a los veintibastantes. Me casé muy joven la primera vez, a los 23 años y luego cuando me separé, a los 28, empecé a vivir un poquitín lo que los otros habían vivido ya anteriormente.

De alguna forma, ¿La Caja de Plata es hija de eso que comentábamos antes de “salir a la calle y ver lo que los monstruos hacen”?

Tiene que ver con eso. Lo que ocurre es que en el poema, diríamos “reseña”, de esos años de mi vida hay más crónica secular que no en la otra, donde creo que hay más lirismo. Yo diría que es fruto de eso, pero que no se identifica con eso tampoco. Hay párrafos de canciones para Gurruchaga y La Orquesta Mondragón tomados de La Caja de Plata.

Por ejemplo, esa canción que se llama Bubble, Bubble: “No sabía que hacer, quería irme”. Eso está en uno de los poemas de la Serie Negra, en La Caja de Plata. Hay muchos intertextos, como dicen los pedantes, entre las canciones de Gurruchaga y La Caja de Plata.

“Yo no hago nada premeditado. En eso soy romántico a macha martillo:                            Hago lo que me dicta la musa”

Hay un arte muy secuencial en esos poemas. Casi puedes ver montadas las imágenes una detrás de otra, como en el cine o los tebeos.

Son como videoclips. Totalmente. Por eso, cuando Laura Pérez Vernetti acomete la tarea de darle forma de cómic a mis poemas, en el fondo, tuvo que trabajar mucho menos que con la poesía de cualquier otro poeta. Ya eran, de alguna manera, tebeos.

¿Es premeditadamente visual tu poesía?

No. Yo no hago nada premeditado. En eso soy romántico a machamartillo: Hago lo que me dicta la musa. No hago nada sin que me de permiso la musa para ello. No soy consciente de lo que hago, simplemente escribo al dictado de la inspiración.

Hay meses largos en los que no escribo nada porque hay sequía. Pero luego, de repente, viene la lluvia a visitarme.

Hablábamos de Viñetas de Plata, de Laura Pérez Vernetti. ¿Qué supone para tí verte como protagonista de un tebeo?

Supone todo. Ya lo he escrito: Supone que puede uno morirse, después de verse reflejado en una viñeta por una artista como Laura Pérez Vernetti. Espero que no sea la última vez que ocurra.

¿Fue mutua la selección de poemas para el libro?

Dejé a Laura que eligiera. Pero alguno sí le dije que lo pusiera, como Paseo Vespertino. Porque me gustaba que hubiera también otros poemas que no fueran tan de Laura Pérez Vernetti, para ver cómo los solucionaba. Y lo hacía con mucha elegancia. Porque ella se va siempre a la corriente más underground, en cierto modo. Lo hace muy bien y en un 90% fue elegido por Laura.

¿Quedaron algunos poemas ya dibujados fuera de la selección final?

No. Fue acumulativamente. Ella iba eligiendo y dibujando. No se eligió un corpus de poemas. Se fue acumulando y no ha quedado ninguno fuera. De hecho, Para Isabel ya había aparecido en una publicación de la Fundación del 27 de Málaga, donde pidieron a Laura que hiciera los dibujos para una serie de poetas. Eligió uno mío que se llama Para Isabel y a mí me gustó tanto que hablé con el editor de Reino de Cordelia y le sugerí contar con Laura para hacer un libro sobre mis poemas. Le pareció fenomenal la idea y ella accedió a hacerlo.

Le ha traído muchos problemas a ella, porque ahora todos los poetas quieren que les dibuje los poemas (risas).

Erotiza algunos poemas que no son tan claramente eróticos. Pero siempre es agradable que se erotice lo que no es erótico. Al contrario sería peor.

Traspasada al cómic por la mano de Vernetti, tu poesía rebosa erotismo, sexo, violencia, colmillos amenazantes… algo muy alejado de esos tebeos de Línea Clara que sueles consumir.

Pero fíjate que he dicho antes que el gran genio del dibujo contemporáneo es Miguel Ángel Martín. Y dentro de una Línea Clara casi infantil dibuja unas cosas tremendas. Son compatibles. Yo soy un aprendiz al lado de Miguel Ángel Martín. Mi poesía es incitante, pero nunca pornigráfica. Pero no porque no me guste la pornografía, sino porque no sé hacerlo.

Fotos: Alfonso Moriche

¿Cuál es tu cánon de favoritos en los tebeos?

Siempre los de la prensa norteamericana de los años 20, 30, 40… Little Nemo es el mejor cómic nunca jamás dibujado y escrito por Windsor McCay de 1905 a 1912. Siempre pongo la comparativa con la mitología griega: La diosa de la cultura y de la ciencia, Atenea, nació completamente vestida y con todas sus armas de la cabeza de Zeus. El cómic nació totalmente armado; no fue un bebé. Nace maduro y genial, por Windsor McCay.

El uso del color es apabullante.

Ese uso del color que se usaba en los dominicales, en formato sábana, enormes. Han hecho ahora una edición que tengo yo, enorme, que ni siquiera se puede leer con un atril.

Recientemente, Reino de Cordelia ha sacado Little Sammy Sneeze, también de Windsor McCay. Una obra mucho más desconocida del mismo autor.

Es una obra fantástica. Cuando me preguntaron en ABC cuál era el libro del año, dije coincidiendo con su aparición, que era sin duda ese libro de Windsor McCay. Además tiene algunas otras cosas muy interesantes, que también ha sacado Reino de Cordelia, como Pesadillas Indigestas. Ya han sacado dos libros inéditos en castellano de McCay. Pero sobre todo es autor de una obra inmortal: Little Nemo in Slumberland, guión y dibujo.

Hay un componente melancólico también en su obra. Un poso triste en ciertas viñetas.

Un poso triste, porque en el fondo son todos nuestros sueños. Y todas esas maravillas que le ocurren a Nemo se desvanecen en esa casi última viñeta en la que se cae de la cama y su madre le dice: “Ya has vuelto a cenar de una manera desaforada y has vuelto a tener pesadillas”. Hay un elemento melancólico, como en toda buena obra de arte. Yo creo que el ser humano tiene muchos motivos para ser melancólico e, incluso en los momentos más hilarantes, se produce ese quiebro de sentimentalismo.

Una duda casi personal: Nunca te veo nombrar a Corto Maltés.

Tengo viejos amigos que son admiradores de Corto Maltés. Pero fíjate que nunca he entrado ahí. Jesús Egido, el editor de Reino de Cordelia, es un gran seguidor de Corto Maltés. Pero, ¿sabes qué me pasa con Corto Maltés? Que creo que su mundo gráfico deriva de una manera ostentórea -que diría Jesús Gil– de algunos autores norteamericanos de la edad dorada como Milton Caniff y su Steve Canyon o el autor de Johnny Hazard, Frank Robbins. Me parece que el lenguaje gráfico de Corto Maltés ya estaba fijado por Milton Caniff y Frank Robbins.

Quizás el trazo de autores como Cannif es más estilizado y Pratt aborda un grafismo más suelto.

C’est de ma faute que dicen los franceses. Culpa mía. No he entrado nunca en el mundo de Corto Maltés. He leído algún álbum y nunca me ha gustado demasiado. Me encanta, por ejemplo, The Phantom. No lo sé por qué, pero nunca me ha gustado Hugo Pratt.

Igual que Tintín, que me empezó a gustar a los treinta años. Tampoco simpatizaba. Pero luego me ha gustado mucho. Es difícil que pase lo mismo con Corto Maltés porque, insisto, le veo mucho las raíces.

En cambio, Hugo Pratt guarda muchas concomitancias con tu mundo referencial: Las grandes novelas de aventuras, Salgari, Jack London, Stevenson…

Comparto con él todo ese mundo. Pero no sé si es un caso de rechazo irracional, lo que me pasa con Corto Maltés. Me pasa con autores como Proust, que me parece fascinante desde el punto de vista de la historia de la literatura. Creo que es único. Pero sin embargo, nunca he entrado en él. Me pasa con Joseph Conrad; me aburre. Me aburre también Henry James. Sin embargo, soy un fanático de Jack London y de Stevenson.

Somos tan complejos los seres humanos que las razones son tan variopintas por las que rechazas algo. Habría que psicoanalizarse para averiguar por qué.

Y de tebeo clásico español, ¿cuáles son tus referentes?

Me entusiasman los tebeos clásicos españoles. Crecí con ellos. Por mi edad, lo único que llevaba eran los cómics mexicanos de Novaro y los cómics españoles apaisados, que valían en mi época 1.50. Pero yo soy del Guerrero del Antifaz que, incluso en mi wathsapp está El Guerrero del Antifaz. Sobre todo de los primeros cien números, donde Manuel Gago resplandece, incluso en sus plagios de Alex Raymond; se sabe que hay viñetas totalmente calcadas de otras de Alex Raymond, del primer Flash Gordon.

Me gusta muchísimo también La Saga del Hombre Diabólico de Roberto Alcázar y Pedrín, que es lo mejor de la serie. Aunque digamos que entre el número 90 y el 150 hay obras maestras. Me gustan también mucho los Bruguera, Capitán Trueno, El Jabato, El Cosaco Verde… y sobre todo la colección Maga que hizo el autor de El Guerrero del Antifaz, Manuel Gago, en Valencia, con innumerables colecciones. Me gustaban sobre todo las prehistóricas, como Castor, Piel de Lobo, Purk El Hombre de Piedra… también las medievales como El Cruzado Negro o El Duque Negro, que era un leproso que, sin embargo, combatía maravillosamente. Gago tenía una imaginación portentosa y una capacidad de trabajo increíble. Luego también me gustaba El Pequeño Luchador. El western siempre me ha gustado: En cine, en novela, en cómic… siempre he sido de la mitología western.

Aunque esos tebeos forman parte de tu educación sentimental, ¿puedes revisitarlos con un espíritu irónico? Pienso en obras como ¡Tente, iracundo otomano! de Andrés Sopeña sobre El Guerrero del Antifaz.

En el caso del Guerrero no hay sentido del humor. En cambio en Roberto Alcázar sí, a través de Pedrín. Pero en el Guerrero el sentido del humor brilla por su ausencia. Se basa sobre todo en esa literatura caballeresca de cuarta fila, tipo Rafael Pérez y Pérez. De hecho hay una novela, que es el sustrato del Guerrero del Antifaz, que se llama Los Caballeros de la Reina Católica, publicado en los años 30. Ahí es donde Gago, con tan solo dieciocho años, empieza a dibujar El Guerrero del Antifaz. Muere muy joven, con sesenta años. Recuerdo haberle hecho una necrológica en ABC.

El trasfondo argumental del Guerrero del Antifaz no deja de ser truculento, teniendo en cuenta que se publica en una época de plena censura: Hijo de una cristiana violada por un árabe, etc…

Es el clásico folletín. De hecho,los primeros cincuenta números del Guerrero están publicados en una época donde todavía no había esa censura férrea nacional-católica que vendría un poco después. Es como ocurre en norteamérica antes y después del Código Hays. Por ejemplo, películas como King Kong son muy atrevidas desde el punto de vista sexual. Y parece increíble, pero en los primeros números del Guerrero del Antifaz no hubo censura. Los harenes borrascosos donde imperaba Alí Kan estaban llenos de chicas monísimas con bikini.

En los primeros años cuarenta, hasta que Alemania no pierde la Guerra Mundial, en España había un cierto acojono. Alemania era nacional-socialismo puro, racismo puro, barbarie pura… pero no tenía ese aviso moral. Las películas alemanas de la época podían salir desnudos perfectamente; como una película que a mí me gusta mucho de la UFA del 43, Las Aventuras del Barón de Munchausen. Yo creo que Franco ahí no se entregó de lleno a los cardenales, obispos y toda la Iglesia hasta que no ve que en el 43 ya va perdiendo la guerra Alemania, para que, por lo menos, el Vaticano le echase una mano. Por eso es curioso que durante el 40, 41, 42, 43… hay novelas que se publican que dices “¿cómo pudo pasar esto la censura?” Aunque fueron los años de más fusilamientos, curiosamente, en lo que se refiere a censura erótica fueron los mejores.

Hay una versión ochentera del Guerrero del Antifaz algo más pasada de vueltas.

Los tengo todos. Verticales. En los ochenta hay una versión del propio Gago antes de morir, en los que aparece una china que liga con el Guerrero y este le pone los cuernos a Ana María. Aparece incluso algún desnudo torpemente dibujado, porque no sabía hacer desnudos femeninos. Incluso aparece en la cama con Doña Ana María también.

Pero El Guerrero del Antifaz mejor, sin duda, es el de los cuarenta.

Lo mismo que Roberto Alcázar y Pedrín con que se lea uno La Saga del Hombre Diabólico ya ha cumplido. Además, era una serie de dieciocho cuadernos. Y Roberto Alcázar siempre había sido una serie de aventuras autoconclusivas. Sin embargo, esta es una larga serie de aventuras fenomenal.

Siempre se habló de los orígenes republicanos del autor de Roberto Alcázar.

Era real. Lo que era legendario era pensar que estaba dibujando a José Antonio Primo de Rivera en Roberto Alcázar. Estaba dibujándose a sí mismo. Hay fotos de Eduardo Vañó que es, exactamente, Roberto Alcázar.

En una revista noventera llegó a aparecer una versión satírica titulada Roberto España y Manolín. ¿Lo conoces?

Sí. Divertidísima. Llegó a aparecer en una revista de estas tipo El Víbora o Cimoc. Lo he leído. Divertidísimo. Con la cachiporra dando a todo Dios… realmente, el original no era tan homófobo como se ha dicho. Podría decirse mucho de la relación entre Roberto Alcázar y Pedrín… En cualquier caso, era divertido darle la vuelta al franquismo y hacer ese tipo de juego. Pero no era justo con Vañó, que el pobre no era ningún reaccionario.

Fíjate que además, salvo una que se llama En Un Cortijo Andaluz, ninguna aventura ocurre en España. Son 1.289 tebeos.

Lo que echo de menos es que creo que no existe un álbum de eso. Sería interesante publicarlo. Además ahora, con lo de la tumba de Franco podría tener cierto éxito.

Ah, me gusta también mucho, que no lo he dicho Iranzo. Publicaba con Bruguera El Cachorro, de piratas. Y antes, El Capitán Coraje, ambientada en una especie de S. XVII-XVIII raro. De lo más hermoso que se ha hecho en el cómic de posguerra.

Y también soy fan absoluto de la revista Chicos, que no me tocó a mí por edad pero que me parece la mejor revista de cómic que ha habido nunca en España. Con autores como Jesús Blasco o como Emilio Freixas -uno de los maestros de Gago-. Basco inventó un personaje que se llama Cuto, totalmente delicioso. Además es una revista que nace en pleno franquismo -primero cuarenta- y que, sin embargo, no tiene ningún tipo de alusión ideológica, como sí era el caso de revistas tipo Flechas y Pelayos.

Chicos es una especie de coartada del gobierno franquista para que no se pudiera decir nada de ellos en esa revista. En otras imagínate… el diario Arriba tenía un suplemento para niños llamado Maravillas, que era absolutamente facha.

Los hermanos Blasco han sido una dinastía extraordinaria. Eran cuatro hermanos: Adriano, Alejandro, Pili y Jesús. Pili, por ejemplo, es autora de Lalita Diminuta. Es que el cómic español de posguerra tiene mucha calidad.

“Frank Miller me fascina. Sin City es una de las obras más inmortales que he visto”

La editorial Reino de Cordelia ha sacado recientemente Pili, Polito y Lucero Dan La Vuelta al Mundo Entero de Augusto Fernández Sastre.

Es de un autor de época republicana que, además, más tarde fue represaliado. En los años treinta se empieza a publicar también todo el material norteamericano en España. Revistas como Mickey que publican todo Flash Gordon. Hay un cómic que se llama Leyendas y es buenísimo, con material americano.

Del cómic americano, ¿tienes alguna preferencia?

Frank Miller me fascina. Sin City es una de las obras más inmortales que he visto. Me gusta muchísimo también Brian Bolland, el de The Killing Joke. Me entusiasma el trazo de Bolland. He seguido mucho el cómic americano. Ahora un poco menos. Mi hijo, que tiene 41 años, me ha servido para entrar en todo ese mundo de superhéroes y siempre me ha fascinado. Tengo un libro que acaba de salir ahora en la Fundación Guillén que se llama ¿Qué haría yo sin mis tebeos? Con poemas todos relacionados con el cómic.

Un helenista como tú habrá disfrutado mucho con 300 de Frank Miller.

Me encanta. Y la película me divirtió. Pero me gustó más la de Sin City. La segunda parte no la he visto. Creo que no comercializó aquí. Dicen que es mucho más floja pero me apetecería verla. ¡Miller me encanta! La fase Daredevil de Miller, la fase Batman… Miller es un monstruo.

Luego hay autores underground que me encantan. Crumb por ejemplo. Tiene una versión fabulosa del Génesis de La Biblia.

Pero no es el cómic que más me gusta. Prefiero el de los Daily Strips y los Sundays.

¿Le gusta Alan Moore?

Es un genio. Watchmen es la clausura y el pináculo del cómic de superhéroes. Y en la televisión la serie Heroes, que me gustó muchísimo, es también la defunción del género de superhéroes; que goza, por otra parte, de una salud admirable, puesto que están haciendo películas magníficas tanto de DC como de Marvel. En eso soy sincretista: Me gustan los dos.

“A mi me gustan unas películas o unos directores determinados. Pero yo no respiro cine. Respiro sobre todo literatura; y si acaso, más tebeo que cine”

Hablemos un poco de cine. Tienes una larga trayectoria como divulgador cinematográfico: ¡Qué grande es el cine!, Cowboys de Medianoche…

Pero fíjate, yo creo que no soy un cinéfilo como lo es Garci o Eduardo Torres Dulce. A mi me gustan unas películas o unos directores determinados. Pero yo no respiro cine. Respiro sobre todo literatura; y si acaso, más tebeo que cine.

El cine me fascina pero no voy a ver cualquier película. Solo las que sé que me van a gustar. Es distinto, ¿no?

No obstante, es uno de tus vicios confesables.

Pero como estoy rodeado de cinéfilos tan absolutamente eruditos me considero una piltrafa a su lado. Ellos lo saben todo: El año, con quién se casó cada una, quién hizo tal música… yo para eso prefiero irme a internet.

Lo de Torres Dulce es bestial. Tiene una biblioteca estupenda, formada casi en un 90% por libros de cine. Y mucha novela también… pero es apabullante. Lo tiene todo.

Su mujer, Lourdes de Orduña, sobrina del célebre director Juan de Orduña -muy famoso en los años cuarenta y cincuenta-, hace vestuario. En la nueva película de Garci sobre Areta, El Crack 3, una precuela, el vestuario va a recaer sobre Lourdes de Orduña. Ojalá la haga, porque creo que hubo algún tipo de problema. Pero yo creo que la va a hacer, ahora en otoño.

Y eso que llegó a decir que dejaba el cine.

El guión lo ha cuidado muchísimo. Yo lo he leído y es una maravilla. Un Areta joven.

¿Se puede saber quién irá de Areta o es secreto de sumario?

No es secreto de sumario. Garci y lo ha dicho. Es el actor que va de periodista en Holmes & Watson. Madrid Days (Víctor Clavijo).

Por cierto, haces un cameo en esa película.

Sí, salgo vestido de etiqueta en un banquete de Lhardy. Y todas las ediciones antiguas de libros que aparecen, las puse yo. También sale mi mujer a mi lado, en el banquete.

En cambio, el pobre Luís Herrero salía y luego lo cortaron tras el montaje final y solo sale un nudillo (risas). Está indignado.

Lo que quiere hacer ahora Garci es darme un papel para la última. Pero no sé si me veo.

Pero si Garci se empeña…

¿Te gusta vivir el rodaje de una película?

No. Me aburre. Yo he estado en el rodaje de Bésame Tonta, con la Orquesta Mondragón y dirigida por Fernando González de Canales. Hacía de camarero, sirviendo cócteles… y me he aburrido como un hongo. He estado en rodajes de Carlos Saura, que es amigo también… me he aburrido como un hongo. Con Garci también… no me gustan los rodajes.

Prefiero que me lo den hecho. Lo mismo que no me gusta la cocina. Prefiero comerme las cosas que se preparan en la cocina.

Fotos: Alfonso Moriche

Sin salir del cine, escribiste un relato titulado Todo El Tiempo Del Mundo, que salió publicado en un libro junto a otro texto de Álex de la Iglesia, en 1996.

Es un libro que apareció en Logroño, porque Álex de la Iglesia procede de allí, aunque luego se fue a Bilbao. Su hermano es un escritor afincado en Logroño. Nos lió a los dos para que escribiésemos a medias un librito con un fragmento de Payasos en la Lavadora (que después publicó) y luego, un fragmento de novela mío que se tituló Todo El Tiempo Del Mundo. No salió más que eso. Nunca hice más y supone mi única aportación al mundo de la novela.

Luego tengo un cuento infantil que se llama Héroes de Papel, escrito para mi hijo, donde el protagonista conversa con los personajes de los tebeos.

“el editor de Espasa quiso ver en mí a un posible narrador. Me ofreció un suculento contrato de un millón de pelas de la época para que escribiera una novela”

¿Nunca has tenido intención de escribir una novela?

De hecho, durante la época de La Movida y de libros como La Caja de Plata, el editor de Espasa quiso ver en mí a un posible narrador. Me ofreció un suculento contrato de un millón de pelas de la época -que antes era mucha pasta- para que escribiera una novela. Y se convirtió en ese fragmento. No pude más y me quedé en el folio dieciocho, porque escribía novela como lo hago en verso: Corrigiendo, tachando… La novela es cuestión de muñeca, dejar que fluya y escribir 5 folios diarios. Además, yo nunca tenía tiempo.

Hay poetas que escriben novelas y otros que no. Si te fijas en la Generación del 27, hay poetas puros y otros que se adentraron en la novela. Gimferrer escribió Fortuny. Pero yo soy incapaz.

Ya que mencionas la muñeca. Tengo entendido que escribes a ordenador tus poemas.

Sí. Salvo en verano, que no tengo ordenador.

Creo que fue Antonio Gala el que dijo que es totalmente imposible escribir un poema a ordenador. Ahí lo desmientes por completo.

Es totalmente posible escribir cualquier cosa a ordenador. Es lo mismo que hacerlo con una máquina de escribir, donde el teclado es una prolongación de tus dedos.

¿Crees que desaparecerá la escritura como acto manual?

En mi caso tengo muy pocos manuscritos. Hay una gran distancia respecto a la generación anterior. Pero es difícil que desaparezca la escritura. Siempre habrá gente que escriba. Aunque hoy día con las tabletas puedes ir tomando nota por todos lados, igual que si estuvieras con un cuadernito y un bolígrafo. No sé si desaparecerá pero imagino que de hacerlo se atrofiarán nuestras manos, porque uno de los ejercicios que hacemos con ellas es escribir.

Encaramos el último tramo de la entrevista haciendo mención a tu último libro, Bloc De Otoño. Tu poesía se caracteriza por tener siempre un toque de humor y cinismo, incluso en los momentos más tristes. En cambio, este es tu libro más grave, con un tono muy crepuscular de principio a fin.

Pero es lógico. Es algo que va con la edad. Pero fíjate, creo que todavía se puede rastrear humor en Bloc De Otoño, aunque menos…Hay algunos poemas -que escribí por cierto en casa de Garci en Marbella- sobre chicas, que no son tan oscuros. Por ejemplo (hojeando el ejemplar que traigo conmigo a la entrevista), Un Animal En Celo es divertido; El Sudor y la Risa, Bibliotecario de Prisiones, Recordando a Laura… lo que pasa que el tono general puede ser grave. Cuaderno de Vacaciones también tenía un tono crepuscular. ¡Hombre! Éste más, porque no es lo mismo tener 60 que 66.

Yo diría que uno de tus poemarios más crepusculares es El Reino Blanco.

El más crespuscular de todos. Ya desde el título es sobrecogedor, utilizando un texto de Marcel Schwob. El reino blanco es el reino de la muerte, indudablemente.

Fotos: Alfonso Moriche

Decía Hergé que al crear Tintín en el Tíbet le sirvió como una especie de psicoanálisis, donde lo blanco simbolizaba sus demonios, la nada…

Lo blanco es terrible. Piensa en los cuentos de Jack London, como ese de Enceder una Hoguera que acaba de publicar Reino de Cordelia. Es fascinante, terrible… Por ejemplo, en Juego de Tronos lo que hay más allá del muro es terrible: vastedades completamente heladas.

“Está muy presente la conciencia de la muerte”

Entonces, ¿podríamos decir que se ha acabado un poco la fiesta en su poesía?

Ya ha habido mucha fiesta. Yo ahora no sé lo que vendrá. Me ha saltado también una cierta idea que me viene de Gimferrer -uno de mis maestros-, que también escribe ahora unos poemas más graves, aunque al mismo tiempo, más disparatados en sus metáforas.

Volver un poco a mis comienzos de más liberación del verso, más metáfora gratuita… porque lo tonos graves tienen un final; no puedes estar siempre haciendo poesía de queja o despedida. No va a estar uno despidiéndose siempre. Mientras se está vivo tiene que intentar otras cosas. No sé lo que saldrá de todo eso.

La muerte es una constante en tu obra. ¿Está tan presente en tu vida, diríamos, alejada de la poesía?

Está muy presente la conciencia de la muerte. Y lo veréis cuando tengáis más años. Sobre todo cuando tienes que hacerte revisiones médicas. Yo ahora mismo tengo que hacerme una resonancia magnética que me horroriza. Ese tipo de cosas… es casi mejor la muerte que la enfermedad. Y no es que me pase nada malo, pero tienes que estar haciéndote siempre revisiones.

“Tengo una actitud contradictoria y la asumo. No me puedo liberar del pensamiento agnóstico ni tampoco de una creencia”

Tienes una relación desconcertante con lo religioso en tu obra. Por un lado eres pilarista y te has casado dos veces por la iglesia. Sin embargo, destilas una poesía muy descreída.

Tengo una actitud contradictoria y la asumo. No me puedo liberar del pensamiento agnóstico ni tampoco de una creencia. Estoy en tierra de nadie. Se ve perfectamente como algún poema contradice al siguiente, en mi último libro.

Incluso en algún poema tuyo llegas a entonar una oración a la Virgen.

Absolutamente. “Digo el <<Ave María>> en voz alta” (recitando). Si hay algo en mis poemas es que son verdad la mayor parte de ellos. Habrá alguno que sea ficción. Pero transpiran claridad, realidad…

¿Sientes un deseo creciente de espiritualidad? Algo que, por otra parte, se aprecia también en las últimas novelas de Houellebecq.

Veo también en mí un anhelo creciente de espiritualidad, con los años. Y creo que es natural, porque el hombre se diferencia de los animales en algo distinto. “Todo es física y química pero también misterio”, le dijo en una ocasión el doctor Severo Ochoa a Garci, en el hotel Reconquista de Oviedo. Hay que aferrarse también a esa zona de misterio que no es solo física y química.

“Los grandes nihilistas del siglo son también grandes humoristas”

En alguno de tus últimos poemas confiesas que Houellebecq te parece un escritor divertidísimo. ¿Dónde le ves la gracia?

Gusta y destroza a la vez. Pero como yo lo he conocido y me ha parecido tan divertido personalmente. He estado al menos seis o siete veces con él, le he regalado cintas… porque es un fan de El Cid y no encontraba DVD… se lo encontré yo.

Me divierte como te puede divertir una obra de Beckett a pesar de su nihilismo, o como Kafka, al que también considero un humorista. Los grandes nihilistas del siglo son también grandes humoristas. Una señora que me encanta también es Amélie Nothomb, escritora belga que junto a Houellebecq son, para mí, la mejor literatura en lengua francesa que hay ahora.

Conociéndolo en persona, ¿qué hay de personaje y qué de realidad en Houellebecq?

Está como las maracas de Machín. Es real.

También llegaste a conocer a Borges, otro de tus maestros.

Sí, lo he visto en Argentina y aquí. Encantador, super educado, muy irónico, como siempre. Me acuerdo una vez, cuando estuve en su casa de la calle Maipú, y le dije: “Acabo de estar en La Boca”. A lo que él me contestó (imitándolo): “No conozco. Un barrio de extranjeros… jamás estuve por allá”.

En alguna ocasión, llegó a decir que la primera vez que leyó El Quijote le pareció una mala traducción del inglés. ¿Qué opinas?

No fue exactamente así. Dijo que leyó por primera vez la obra en una edición inglesa y que le parecía que mejoraba. Posteriormente, yo he adquirido un ejemplar de esa misma edición, ilustrado por Walter Crane (1900) y me ha hecho mucha ilusión.

Son boutades. Tampoco hay que darle tanta importancia. Es un humorista y hay que tomarlo un poco en broma.

Yo soy de Cervantes a tope y creo que es el máximo escritor en lengua castellana. Pero creo que el segundo mejor es Borges.

Las literaturas las hacen no las naciones, sino las lenguas. Calderon sería el tercero, probablemente.

¿Qué me dices de Bioy Casares?

Me encanta. También lo conocí y tuve el honor, cuando vino a recoger el Cervantes, de que me llamaran para tener codo a codo una conversación con él en un salón de actos del Colón, con público. Estaba atiborrado. Una charla entre Bioy y yo. “Lo inmortalizo” en un poema: “En abril de este año hablé con Bioy Casares. Le dije al maestro…”

Bioy era un caballero, tenía una educación… luego era un Don Juan tan acojonante que llevaba una agenda solo con mujeres.

Para mí es sobre todo el autor de La Invención de Morel, su primera novela, que me parece prodigiosa y muy wellsiana. Y me gustan mucho Historias Fantásticas e Historias de Amor. No creas que sus últimas novelas me entusiasman. Como cuentista me gusta más que como novelista. Diario de la Guerra del Cerdo me aburrió un poco. En cambio de Borges me gusta todo y no me aburre nada.

Tampoco se curtió nunca en el ruedo de la novela.

No. Nunca hizo novela. Por eso él hablaba muy bien de La Invención de Morel (engola la voz para imitarlo): “tiene la extensión que debe tener una novela…”

¿Y Ernesto Sábato?

Me gusta El Túnel, que es muy camussiana. Estuve en Santos Lugares -donde él vivía- y nos invitó a merendar. Un sitio siniestro, a las afueras de Buenos Aires. Me pareció una casa como de Nosferatu, que daba miedo. Y luego los dibujos que hacía eran siniestros. Ya por entonces había perdido la memoria, sin embargo, dibujaba. Nos recibió su mujer que, aún no estando casados, ha sido la heredera. Daba mucho la lata esa señora durante la legislatura de Aznar, del 96 al 2004, mandándome cartas de Sábato pidiendo dinero. Y yo contestaba: “Presidente, por qué le vamos a dar dinero a Sábato y no a otro”. Dinero para becas o no se qué… pero siempre pidiendo, pidiendo y pidiendo. Pero debía ser ella. Él ya estaba fuera de control.

“La literatura, mientras yo esté razonablemente bien de cabeza, me gustará hasta el último de mis días”

En Bloc de Otoño tienes un poema titulado Leer Siempre, donde expresas tu temor a que un día la literatura ya no te llene.

Pero es un temor al alzheimer. La literatura, mientras yo esté razonablemente bien de cabeza, me gustará hasta el último de mis días. Ahí está sobrevolando el tema de la pérdida de memoria, la demencia senil o el alzheimer.

Mi suegro, que tiene noventa y tantos años, sigue leyendo como el primer día. Eso no se apaga y si eres lector te seguirá gustando siempre. Ahora bien, si caes en el alzheimer ya no eres tú.

Recientemente, Fernando Savater decía en una entrevista que el día que deje de gustarle la literatura cierra la tienda.

Fernando ha sufrido mucho. Perdió a su mujer recientemente y tiene una hermana, estricta coetánea mía, que tiene alzheimer. Probablemente también esté pensando en su hermana cuando dice eso. La quiere mucho.

Fernando ha sido uno de mis maestros. Yo publiqué mis primeros poemas en la revista del colegio, cuanda la dirigía Fernando. He publicado homenajes a él y es mi maestro.

“Si no eres poeta no traduzcas poesía. Dedícate a otras cosas. Y el resultado de la traducción de un poema es otro poema. Como diría Borges: El Otro, El Mismo. Es otra cosa y la misma a la vez. Ahí está la magia de la traducción”

Quería hacerte una pregunta como traductor, al hilo de una entrevista inédita que ha salido con motivo del décimo aniversario de la muerte de David Foster Wallace. Él tenía un conflicto con su obra traducida a otros idiomas y consideraba que eso no era leer al autor, sino al traductor. ¿Estás de acuerdo?

Yo no he leído a Wallace, pero no le falta razón cuando dice que estás leyendo al traductor. Por eso pienso que es tan importante la labor del traductor. Es decisiva. Que sea, también de algún modo, un tipo con un estilo literario y una capacidad creativa, porque si no, no va a poder verter ese contenido de una lengua a la suya propia.

Por ejemplo, la poesía: Si no eres poeta no traduzcas poesía. Dedícate a otras cosas. Y el resultado de la traducción de un poema es otro poema. Como diría Borges: El Otro, El Mismo. Es otra cosa y la misma a la vez. Ahí está la magia de la traducción. Yo creo mucho en el traductor. Cuando le preguntan a Stephen Vizinczey qué dramaturgo francés prefiere, contesta sin pestañear: “Shakespeare traducido al francés”. No estoy de acuerdo con Foster Wallace por mucho que se diga que los traductores son traidores porque, sin embargo, algo queda… queda mucho. Ahí era un exagerao Foster Wallace.

Además, en aquellos idiomas más similares entre sí (como el castellano del portugués, por ejemplo), el trasvase es muy puro, ¿no?

Muy puro. Incluso, pienso en la traducción de Cortázar de Edgar Allan Poe. Eso es fastuoso. Estás leyendo a Poe y a Cortázar. O por ejemplo, Baudalaire que traduce toda la obra de Poe y lo pone de moda en Europa. ¡Pues cojonudo! Dos por el precio de uno.

“Hicimos un himno de España en mi época de Secretario de Estado de Cultura que Aznar acabó metiendo en un cajón. No se atrevió a sacarlo”

¿Qué te pareció la elección de Maxim Huertas como ministro de Cultura?

Pues un detalle de maquillaje como el resto del gabinete, en cierto modo. Está hecho por Sánchez de una manera inteligente, mediática y puro marketing. Pero no lo conocía yo a Maxim Huertas. Es el ministro más breve de la historia de España.

Y luego están cambiando cosas, claro… a mí me han quitado de presidente del patronato de la Biblioteca Nacional al amanecer. Como si yo estuviera afiliado a algún partido, que ni lo estoy ni nunca lo he estado. Pero bueno, tiene uno la fama…

Yo creo que en España deberíamos hacer como en Reino Unido: Cambiar lo menos posible cuando cambian los regímenes. Allí solo cambian de secretario de estado para arriba, los demás, si lo hacen bien, ¿por qué no van a seguir? Son servidores del estado. Pero aquí son los cuñaos, los primos… unos y otros.

¿Eres optimista respecto al futuro de España?

No. Creo que puede pasar cualquier cosa. Siendo realista, creo que está la cosa bastante mal. No hay nada más que ver en unos Juegos Olímpicos: no hay país en el mundo, sea de centro, izquierda o derecha, que no sienta los colores de una bandera; de un escudo. En España cantan el himno y ves como le da igual a todo el mundo. Primero, no lo podemos cantar. Cosa que es un error. Hicimos un himno de España en mi época de Secretario de Estado de Cultura que Aznar acabó metiendo en un cajón. No se atrevió a sacarlo. Y os aseguro que ese lo podría cantar hasta uno de Podemos.

¿Se puede leer?

Se puede leer porque Jon Juaristi lo publicó en una Tercera de ABC.

De hecho se intentó involucrar a Pepe Hierro en el proceso, ¿no?

De hecho fui yo el que se lo pidió a Pepe Hierro. Le tuve que comprar con fondos de reptiles un reproductor de CDs a Pepe Hierro -que no tenía- y le regalé un disco con la música del himno. Luego me salió rana: Se quedó con el reproductor y no hizo el himno (risas).

Ser español es aquí como un desdoro. Que no tendría que ser un honor, pero tampoco un agravio.

Estábamos Joan Margarit por Cataluña, Abelardo Linares por Andalucía, Ramiro Fonte por Galicia, Jon Juaristi por País Vasco y yo por Castilla. Tuvimos varias reuniones en Moncloa para lo del himno y se bajó en marcha Margarit, diciendo: “No puedo. En Cataluña me matarían”. En cambio, Fontes se mantuvo hasta el final, junto a Abelardo, Jon y yo, que hicimos una letra que podía cantar todo el mundo. Pero no se atrevió Aznar a sacarla del despacho.

En Samarkanda somos muy fan de Pepe Hierro.

Y yo también. Y como persona era un ser humano excepcional, además de un poeta formidable. Te emociona hasta… yo tengo mucha relación con la fundación Pepe Hierro y con su hija Marián. Pepe era maravilloso.

“He cumplido con mi deber en el sentido de que he contribuido a desarrollar una parcela de la cultura y la literatura española. Y sí: Me considero satisfecho”

Has conocido a tus héroes literarios, eres reconocido por crítica y público y -más difícil todavía- has conseguido pasar por política sin mancharte. ¿Te consideras un hombre satisfecho?

He cumplido con mi deber en el sentido de que he contribuido a desarrollar una parcela de la cultura y la literatura española. Y sí: Me considero satisfecho. No tengo la idea de que hay algo que me hubiera gustado hacer y no hice. Lo que pasa es que siempre es muy melancólico en los tramos finales de la vida hacer balance. Pero hasta aquí estoy contento con lo que hecho.

¿Y feliz?

Diría lo de Borges cuando se disculpa en un soneto, diciendo que ha hecho todo en la vida pero no ha conseguido ser feliz. La felicidad no es una cuestión diacrónica sino sincrónica. Son puntos de felicidad, chispazos… el que es feliz durante más de diez minutos, yo creo se lo está inventando. O es un estúpido.

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